jueves, 1 de febrero de 2018

A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS,

¿QUÉ QUISO DECIR JESÚS CON LA EXPRESIÓN?:

“EL DÍA Y LA HORA NADIE SABE,… SINO SOLO MI PADRE.”

Hay dos expresiones de las palabras de Jesús, que requieren ser comprendidas de la manera correcta, porque los prejuicios nacen de las malas interpretaciones, RECORDEMOS SIEMPRE QUE DIOS NO ES DIOS DE CONFUSIÓN, SINO DE PAZ.(1 Corintios 14:33).

Una dice:

“Pero el día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos sino solo mi Padre.” (Mateo 24:36);

Y la otra:

“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),”… (Mateo 24:15).

Las palabras que habló el profeta Daniel, a las cuales se refiere Jesús, son las siguientes:
“Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa.
Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó. Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó. Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.” (Daniel 8:9-14).
Continua diciendo Daniel más adelante:
“Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” (Daniel 12:11-13)
Nuestro Señor Jesucristo ordena, primeramente, con respecto a los últimos eventos del fin, que atendamos a las palabras del profeta Daniel, cuando veamos la abominación desoladora en el lugar santo.
Al leer, como Dios nos ordena, encontramos que en las palabras de Daniel, respecto a este punto específico, habla de lapsos de días.
Ahora bien, pregunto a los que no les gusta saber de días, cuando hablamos de la proximidad de la venida del Señor.
¿Qué hacemos con esos días? ¿Invalidaremos la orden que Dios nos demanda? ¿no trataremos de indagar en Su palabra esas reapuestas, porque la tenemos como un tabú lo del día y la hora?
Díganme,
¿Quién se atreve a contradecir el mandato del Hijo de Dios de escudriñar, conocer y obedecer esta profecía?
Ahora, el único que tiene el interés de que ningún ser humano escudriñe, conozca y obedezca lo que Dios demanda que sepamos, es Satanás.
¿Saben que Satanás se inventó un cuento de camino, para persuadir a la iglesia que no le presten atención a Sus palabras?
Satán inventó el cuento que aplican en teología, de que el libro de Mateo no es para la iglesia; es decir, para los gentiles; sino que Dios se refiere en esos pasajes a los judío; y en consecuencia, esas palabras expuestas en Mateo 24, no tiene nada que ver con la iglesia que para ese entonces ya Dios la ha sacado de este mundo en un "rapto secreto" que no tienen como demostrar, porque también se lo inventó; y de esta forma le ha arrancado del corazón del creyente, la posibilidad de entender y obedecer los mandamientos de Dios.
Lo que enemigo busca en estos últimos tiempos, es pescar en río revuelto; y estas personas que piensan así, son las principales víctimas de su trampa; porque el maligno siempre trató, trata y tratará, de desvirtuar las palabras de Dios en las mentes de los incautos; recuerden lo que le ocurrió a Eva; esto no es juego, a Dios se le debe cree.
Cuando, posteriormente a las primeras palabras, donde habla acerca del profeta Daniel, Jesús se refiere a que el día y la hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, sino sólo el Padre, para nuestra reunión con Él.; es evidente que se está refiriendo, a que después de cumplidas todas las cosas determinadas por los profetas, y lleguemos hasta el día final determinado, es decir, al día 1335 desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio del templo de Dios (Daniel 12:11-12), nadie sabrá el día y la hora de su venida; es decir, conociendo ya los tiempos, y los lapsos suministrados por medio del profeta Daniel, y habiendo llegado a ese momento, tenemos que estar velando y quietos sin más afanes, porque seremos bienaventurados de haber sobrevivido hasta ese momento; ya el enemigo no estará pendiente de perseguirnos más, por dos razones; una, porque se le acabó su tiempo de actuación; y la otra, porque Satanás y todos sus demonios, el anticristo, el falso profeta, los reyes de la tierra, todos sus generales, capitanes con sus ejércitos, estarán reunidos para guerrear contra el Hijo de Dios (Apocalipsis 19:19) que viene con un ejército de ángeles para recoger a su pueblo de todas partes, para recibirle en el aire, y darle la bienvenida desde las nubes del cielo, porque Él viene a juzgar al mundo por mil años, porque preciso es que Él reine, hasta que haya puesto todos sus enemigos debajo de sus pies (1 Corintios 15:25) y de allí en adelante, siempre estaremos con el Señor.
LO QUE DEBEMOS SABER DE LOS MOMENTOS PREVIOS A LA VENIDA DEL SEÑOR.
Debido al inminente regreso del Hijo de Dios, en esos momentos previos al desenlace final, se sentirá un estado de paz y seguridad; va a ser un INSTANTE tan sosegado, que muchos querrán salir de sus escondites para comenzar a buscar a sus parientes y amigos, o ir a sus lugares de origen para habitar en sus tierras y casas; es allí donde Dios nos advierte que VELEMOS, no será ya tiempo de más ninguna cosa, que poner su mirada en el cielo, nuestro nuevo y eterno hogar. Porque si pones tu mirada en el mundo, y en las cosas del mundo que se extingue; te acontecerá como le ocurrió a la mujer de Lot, que por mirar hacia atrás, el juicio de los ángeles vino sobre ella, y fue convertida en estatua de sal .
Mas, en este caso, dice Jesús: estarán dos en el campo, el uno será tomado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre, vendrá a la hora que no pensáis. (Mateo 24:40-44).
Esta, y muchas otras, son doctrinas que el enemigo de las almas se ha dado a la tarea de desvirtuar; y muchos le han creído, sin percatarse que al final tendrá graves consecuencias.
PALABRAS CERRADAS Y SELLADAS HASTA EL TIEMPO DEL FIN.
Lo primero que debemos comprender, es que estas profecías que hablan del tiempo de la venida del Señor, desde que fueron escritas por Daniel, han estado cerradas y selladas, para que nadie las pudiera comprender, profundamente, hasta el tiempo del fin, como fue escrito:
“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.
Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin”. (Daniel 12:3-4
Daniel persistió en saber acerca de esos tiempos que está indicando el ángel, a lo cual se le ordena, por segunda vez, que selle las palabras de esa profecía hasta el tiempo del fin.
“Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas.
Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?
El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.” (Daniel 12:7-9)
CUANDO SE ACABE LA DISPERSIÓN DEL PUEBLO SANTO, DIOS REVELARÁ LOS
TIEMPOS DETERMINADOS.
La dispersión del pueblo santo, se refiere al exilio, a la diàspora, para el retorno del pueblo de Israel a su tierra, Jerusalén.
Ellos estuvieron dispersos por 1970 desde que mataron al Mesías, hasta el 26 de febrero del año 2003, o 24 del mes sexto (Adar I) del año 5763. En este día se activó la septuagésima semana de Daniel, y Dios confirmó su pacto como estaba previsto. Dios me hizo ser testigo presencial de ese día porque lo conocí y creí tres años antes de manifestarse, donde me dedique a anunciar y proclamar la llegada de la septuagésima semana.
Cuando se fundó el Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, se iniciaban las bases para el retorno de la dispersión del pueblo santo.
Para ese entonces tenían dispersos 1915 años desde la muerte de Cristo (1915 + 33 = 1948).
El proceso de retorno de la dispersión del pueblo santo, está diseñado en función del cumplimiento de LAS SETENTA SEMANAS DE LA RESTAURACIÓN DEL PACTO DE DIOS CON ISRAEL, lo cual he venido explicando en los temas tratados en este blog, que pueden leer en la siguiente dirección, donde se consigue desglosada la enseñanza en tres partes:
La dispersión del pueblo santo, es el castigo a los judíos por rebelarse contra Dios, como Dios lo declaró por medió de Moisés, acerca de las consecuencias de la desobediencia, referidas en Deuteronomio 28:15-68.
Cuando Israel regresó de su primer castigo en el exilio a Babilonia, en el cumplimiento de los setenta años del castigo determinado por Dios a través del profeta Jeremías (Jeremías 25:11, 2 Crónicas 36:21, Daniel 9:2) y habiéndose ya construido totalmente el templo de Dios en Jerusalén (Esdras 5-6), donde participaron los profetas Hageo y Zacarías; Dios declara en la profecía de Zacarías 1:12, de un segundo exilio, castigo, o dispersión, o diáspora, por setenta años; por supuesto, no se refiere Dios al exilio a Babilonia, que ya había pasado como lógicamente se sabe; sino al exilio posterior a la muerte de Cristo, que lo desalojó de la tierra santa por 1970 años; es decir, 70 años, en esa profecía es un simbolismo de un nuevo castigo, aun más severo, porque se trató de la muerte del Mesías, de manos de ellos.
“Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió y dijo: Estos son los que Jehová ha enviado a recorrer la tierra.
Y ellos hablaron a aquel ángel de Jehová que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la tierra está reposada y quieta.
Respondió el ángel de Jehová y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?” (Zacarías 1:10-12).
Esto significa que el retorno de la dispersión del pueblo santo, comienza en sí, cuando se completó el castigo. De manera que en el año 1948 cuando se fundó el Estado de Israel, llevaban 1915 años de exilio desde que muere el Mesías, como lo estableció en la profecía de las setenta semanas de Daniel (Daniel 9:26); para ese entonces, faltaban aún cincuenta y cinco (55) años, para alcanzar el tiempo perfecto del castigo. En efecto, no fue sino hasta el 26 de febrero del año 2003, cuando cesó ese castigo, en el cumplimiento del tiempo determinado, y ese día comenzó el cumplimiento de la septuagésima semana de la Restauración del Pacto de Dios con Israel.
Es decir, año 2003, menos 33 años de vida terrenal de Cristo es igual a 1970 años de castigo. (2003 - 33 = 1970)
PROFECÍA DE OSEAS REVELA EL FIN DEL CASTIGO PARA EL INICIO DE LA SEPTUAGÉSIMA SEMANA DE LA RESTAURACIÓN DEL PACTO DE DIOS CON SU PUEBLO SANTO, ISRAEL, HACIENDO MENCIÓN PERFECTA DEL AÑO 2003.
“Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán.
Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.
Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” (Oseas 5:15, 6:1-2).
Esta profecía concerniente a la venida del Mesías, por primera vez, dice que Él anduvo en el mundo y regresó a su lugar, hasta que Israel reconociera su pecado y buscaran su rostro. Luego, dice de su pueblo: venid y volvamos a Jehová, porque el arrebató, y nos curará, hirió, y nos vendará, y nos dará vida después de dos días; y en el tercer día nos resucitará. Esta frase configura el año dos mil tres (2003), dos milenios, más tres años, desde que Jesús estuvo en el mundo, eso es evidente, y corresponde al fin del castigo.
Y Dios ha revelado en la misma Palabra, la fecha en que se produjo ese momento exacto, para la confirmación del pacto antiguo; como lo hemos compartido y lo pueden leer detenidamente en el blog antes mencionado, o en este otro, donde se encuentra la mis información agrupada en un solo escrito, de forma concisa y eficaz.
ESTA ES LA ORDEN DE DIOS PARA REVELAR LAS PROFECÍAS EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS, LAS CUALES FUERON CERRADAS Y SELLADAS HASTA HOY, CUANDO ESTÁN SIENDO REVELADAS, LO CUAL ES DEMOATRACIÓN QUE LLEGAMOS AL FIN DEL MUNDO.
“Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios. ¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir. No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.” (Isaías 44:6-8).
NI UNA JOTA NI UNA TILDE PASARÁ DE LA LEY Y LOS PROFETAS.
Hagamos un pequeño paréntesis para hacer una importante aclaratoria:
¿Por qué Dios no nos dijo las cosas lo más claramente posible, para que los hombres no se enredarán tanto en entenderle?
Ahí está el meollo del asunto, la revelación fue escrita como un sistema de seguridad de Dios, dispuesto con la intención de estudiar y probar el corazón humano; y así poder reconocer hasta dónde somos capaces de creerle a Él, o de ser manipulados por los hombres.
El asunto de la interpretación profética es tan delicado, que Dios colocó una sentencia, con el fin de que el ser humano no osara, de modo alguno, a violar ningún detalle de Su ley escrita o revelada, cuando dijo:
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 5:17-20).
Con esa sentencia tan severa y contundente de Jesús, no sabemos cómo hay personas que se han atrevido, sin haber sido autorizadas por Él, a cambiar los textos y detalles sumamente importantes de la Palabra; y que muchas otras personas han decidido respaldarlos; estos ignoran el gran lío en que se han metido.
Ellos basaron su atrevimiento, en la falsa creencia (manipulación de la mente humana por el maligno) de que Dios dejó a la deriva Su divina Palabra a través de los siglos; haciéndoles pensar que estuvo distraído en otros quehaceres, o de temporada vacacional, y no se ocupó de hacer su trabajo. Entonces, ellos, muy preocupados por el descubrimiento de otros textos encontrados, muchos más antiguos que aquellos usados por los hermanos de la época en que fueron traducidos; decidieron que debían estudiarlos y hacer las debidas correcciones a la versión Reina-Valera; entonces ellos, ”confiados, a su vez, en su sapiencia, erudición y astucia, lograron corregir tal descuido”; y crearon una cantidad de versiones de la Biblia, que lo único para lo que han servido, es para dividir al pueblo de Dios, y que las personas estén mucho más confundidas y desconfiadas de Ella; ellos se convirtieron en perfectos instrumentos para el mal, creyéndose que hacían el bien; ”fabulosa treta del enemigo de las almas”, en sus planes de destruir la obra de Dios.
La Palabra de Dios no es para tomarla a la ligera, porque si no sabemos algo de lo que ella nos quiere enseñar, es preferible que nos esforcemos hasta donde podamos entender, o si no dejarlo así; que si alguien nos preguntara: ¿Cómo es esto o aquello? decirle: No, no lo sé, que decirle un poco de disparates sin sentido, porque ¿Qué ganancia puede tener uno de un disparate?, ¿Qué puedo sacar con eso? ¿se complacería Dios que este detalle tan muy bien formulado por Él mismo, lo tomemos a menos? ¡Mira cuántas preguntas!

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