LA INCREDULIDAD Y LAS OBRAS DE LA FE.
Cuando Dios hizo al hombre, le otorgó todas las capacidades para que pudiera sobrevivir y desarrollarse, material y espiritualmente a través de los recursos naturales y espirituales que le fueron dados desde el principio, en la tierra.
De todos esos regalos dados por el Creador; la fe, la esperanza y el amor, fueron los principales dones, que le permitieron sobrevivir a su caída del estado eterno, cuando nuestros primeros padres, Adam y Eva, desobedecieron a la única ley que le fue impuesta.
De manera, que en el proyecto de la creación del hombre, Dios cálculo la posibilidad de que él pudiera pecar, o transgredir Su mandamiento, desobedeciéndolo, como evidentemente ocurrió; a pesar del raciocinio a él otorgado.
Aquí hubo la ruptura, la separación del hombre con su Creador. y sólo estaba en manos de Dios, la voluntad de rehacer la conexión que se rompió, que dejó al hombre separado de la gloria de su amado Creador, en un estado de muerte eterna.
Siendo que el hombre fue sentenciado, irremisiblemente a la muerte como lo demanda Su ley; la única manera de pagar la culpa, para liberarlo del castigo eterno, fue que hubiese un rescate, ¿quién pagaría? Adam y Eva ignoraban que Dios ya tenía su plan de redención de la culpa, que traería por medio de la simiente de la mujer, la solución de la redención del hombre.
El mismo Creador, el unigénito Hijo de Dios, el Ángel de Jehová, el Verbo Creador, dijo al Padre: "Heme aquí, envíame a mí" (Isaías 6:8)
Adam y Eva, eran portadores de la verdad, y tenían el deber de enseñar a sus generaciones acerca de sus orígenes, de cómo Dios los había creado.
Es entonces, cuando nace su tercer hijo, el cual se llamó Set. comenzó a llevar el conocimiento del temor a Dios a sus hijos e hijas; y ellos a sus descendientes,
Esas generaciones de Set (Génesis 5:6-32), fue llamada por Dios, a través de lo relatado por Moisés en el primer libro de la Biblia: Los hijos de Dios, puesto que tenían el conocimiento heredado por sus padres, y temieron al Creador (Génesis 6:1). Mas por el otro lado, los otros hermanos de Set, que les nacieron a Adam y Eva, no tenían el mismo temor de Set; de manera que sus hijos e hijas, fueron considerados por Dios, en el mismo relato, como los hijos e hijas de los hombres, de donde Cain halló mujer.
Ellos habían sido excluido de esa gracia, por lo cual Dios no les dio la potestad de ser llamados, hijos de Dios.
El misterio de la creación del hombre, consiste en un complejísimo proceso espiritual donde, amén de la majestuosidad y grandiosidad de Su creación; de todas las cosas, visibles e invisibles; el universo completo con sus infinitas galaxias; lo más importante de todo lo creado fue, es y será, el hombre.
Por lo cual Pablo dijo:
Esto último habla de que la creación del hombre de Dios, no ha concluido aún; porque si pensamos y creemos que el hombre ya fue creado, entonces, ¿a qué esperamos, si ya fuimos creados, y esto es lo definitivo?
De manera que estamos en el proceso de creación, cuyo costo para Dios ha sido extremadamente alto, porque le ha costado Su propia vida con un muy grande dolor, debido a que Dios sufrió mucho más que mujer de parto, porque soportó del hombre, su propio desprecio, grande humillación, su incredulidad, su desamor, sus maltratos, sus golpes en gran número, insulto, falsedades y traición; todo eso y más, le ha costado a Dios; el cual fue linchado y asesinado por el mismo hombre a quien está salvando. Ese fue su costo de crear al hombre, pagó un gran precio; de tal forma que Dios nos está, literalmente, pariendo de sus propias entrañas, eso es la más absoluta verdad acerca del misterio de la creación de hombre, por eso el apóstol Juan dijo de Cristo:
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios." (Juan 1;12)
Los ángeles no fueron engendrados, ellos fueron creados sin dolor, igualmente el universo; mas no del mismo modo está siendo creado el hombre; que a su vez, Dios lo ha hecho participante voluntario de su propio nacimiento. Es decir, tiene que decidir querer nacer. (Apocalipsis 3:20 y 2 Corintios 5:17).
EL NUEVO NACIMIENTO Y EL BAUTISMO EN AGUA.
Esto es lo relatado por Juan, de lo que Jesús le enseñó al Maestro Nicodemo, acerca de ese nacimiento:
..."Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?"...(Juan 3:3-9)
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?"...(Juan 3:3-9)
Eso significa que nuestra salvación fue basada en el juicio que Dios desató sobre la humanidad cuando trajo el diluvio para destruir toda carne de la faz de la tierra. De manera que todo pecador que se arrepienta, debe de participar de ese juicio de forma voluntaria, no para destruir su carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, por la resurrección de Jesucristo. (1 Pedro 3:21)
De hecho, aunque la humanidad entera murió en aquel entonces, la divina Palabra revela que las almas de los hijos de Dios que desobedecieron, cuando se construía el arca, fueron encarceladas, hasta el tiempo de la resurrección de Cristo, quien descendió a las partes mas bajas de la tierra. y les predicó, (1 Pedro 3:18-20) y subiendo a lo alto, llevó cautiva, la cautividad. (Efesios 4:8-9).
Ahora, siendo pues, el simbolismo, de la primera resurrección, los que participen del bautismo, la segunda muerte no tiene potestad sobre ellos. Eso, si somos dignos de ser arrebatados. Dios nos libre de todo mal y nos haga digno a todos los que estamos enamorados de Él. (Apocalipsis 20:6)
¿Qué es la segunda muerte? Es el juicio eterno, y su elemento es el fuego. Es el bautismo (el juicio) del fuego consumidor, la ira eterna de Dios.
Entonces, es como decir, que los que ya participaron del primer juicio universal, no participarán del segundo juicio universal y final.
NO DESCUIDEMOS ESTA SALVACIÓN TAN GRANDE. (Hebreos 2:1-3)
Dios quiere que sus hijos estén conscientes de esto, que estén a la altura del supremo llamamiento; para que entendamos lo delicado de nuestra situación, con el fin de que no le irritemos a causa de nuestra ignorancia, de lo que ha hecho por nosotros; seamos fieles en lo que queda de nuestro caminar como peregrinos por este mundo. No confiados en nosotros mismos, de que le hemos creído; porque sabemos que la incredulidad dentro del pueblo que Dios es por demás grande; porque las doctrinas que se enseñan apostatan de la fe verdadera; porque no consideran el costo que pagó Dios para reconciliar la creación consigo mismo.
Por eso muchos serán los llamados a la salvación, pero sólo serán escogidos aquellos que valoren el costo del sacrificio que Dios ha hecho por la salvación de las almas. Dios no vino al mundo para hacerte un empresario exitoso, Dios no descendió de su gloria para hacerte famoso, Dios no sufrió el martirio, para que vivieras como un rey, Dios no se hizo pobre para hacerte rico en este mundo, Dios no vino al mundo para crear ninguna religión, Dios no bajo de las alturas para librarle de tribulaciones sino para hacerte fuerte en medio de ellas. Entonces, debemos con urgencia recetear nuestras mentes de las doctrinas que hemos mal concebido en nuestros corazones, y oír más a Dios, y hablar menos, dejar la arrogancia, y la vanidad, y presentémonos delante de Dios como un varón aprobado que no tiene de que avergonzarse.
Estoy inmensamente convencido que los discipulos de Jesús entendieron el meollo del problema, por lo cual le impidió a ellos echar fuera ese demonio.
Los demonios salen en el nombre de Jesús, eso lo dice el mismo Jesús; los mismos no tienen categoría ante el mandato de divino; y echarlos fuera, es señal de que creemos en Él. (Marcos 16:17); si el demonio no sale cuando le ordenamos que salga, es porque no hay fe en nosotros, y tenemos aquel genero de incredulidad que pierde al hombre. Pero hay remedio para esa enfermedad, el ayuno y la oración.
El ayuno que guardes, diariamente, hasta que te hayas recuperado; debes ser, sin que nadie se dé cuenta que afliges tu alma; porque eso mismo hacen lo hipócritas, que demudan su rostro para ser visto de los hombres. Mas el ayuno en la nueva vida en Cristo Jesús, es un luto, porque has reconocido delante de tu Creador, que has estado viviendo alejado de Él por causa de tu enfermedad espiritual, aun cuando siempre lo confesabas.
Jesús criticaba el ayuno de los fariseos, porque ellos eran incrédulos, por lo cual su ayuno era en vano. Su ayuno era motivo de alarde, de demostración de ser personas espirituales delante de los demás.
Dios no está interesado en que nadie este ayunando para mostrarle a Él su devoción y sumisión; ni le gusta ver a nadie presentar ayunos con propósitos. Porque Dios se dio enteramente por todo, y todo es todo. Presentarle sacrificios a Dios no es mas que ignorancia. Las religiones usan el ayuno como ejercicio espiritual que para nada sirve; porque Dios dice que la justicia del hombre es trapo de inmundicia para Él. (Isaías 64:6)
Por eso Dios nos dice: "Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conociminto de Dios más que holocaustos." (Oseas 6:6, Mateo 12:7).
Echar fuera los demonios y hacer milagros, no es señal de que somos salvos, sólo es señal de que creemos, y es algo importante; pero muchos creen que es lo único importante. Y están en un terrible error.
En ese punto debemos recordar lo que enseña Santiago, cuando nos dice en su santo consejo:
"Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan." (Santiago:2:19)
El que piense que por hacer estas cosas, ya es señal de que se es salvo, no sabe donde pisa.
Jesús nos dice:
"Pero no os regocigéis de que los espíritus se sujetan, sino regocijaos que vuestros nombres están escritos en los cielos. (Lucas 10:20).
Lamentablemente, por más que Jesús, personalmente nos lo ha advertido; muchos no le han querido creer, por lo cual dice:
"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad." (Mateo 7:21-23).
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad." (Mateo 7:21-23).
De las acciones que demostraron fariseos y escribas, podemos aprender mucho, para no repetirlas.
A Dios sólo se le podrá acercar, el limpio de manos y de corazón puro, que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño; tal es la generación de los que le buscan. de los que buscan estar en su santa presencia, él recibirá salvación y vida eterna. (Salmos 24).
Por último, cuando no valoramos lo que hizo por nosotros para darnos la salvación, es igual como si pisoteásemos la sangre de Cristo.
Así que, cuando Dios nos quiera corregir, para que comencemos a actuar como es digno de su amor, obedezcamos sin altivez ni prepotencia; no seamos arrogantes, sábelo todo. Si hacemos así, estaremos calificando para la salvación. De manera que nuestro proceder es lo que le mostrará a Dios que somos dignos de recibir el regalo inmerecido que Él tiene para los que le aman.
Ya sabemos que somos muy importante para Dios, y su deseo es que participemos de la gloria eterna, de lo real, de lo inconmovible; estamos, hasta ahora en un proceso en el proyecto; no estamos hecho plenamente como Dios lo desea, para hacer de nosotros, seres llenos de la felicidad absoluta, para el nuevo reino que muy pronto se manifestará. Pero en nosotros está la decisión de abrir al puerta de nuestro corazón, para que Dios pueda hacer en nosotros, una nueva criatura.
Dios nos dice: "De cierto, de cierto te digo, el que no naciere de nuevo, no entrará en el reino de los cielos." (Juan 3:3).
Dios te bendiga, ricamente. La paz de nuestro Señor Jesucristo sea contigo. Amén. Saludos.
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